Colombiagua

 

Agua y sangre y lágrimas. Ni el agua ni la sangre ni las lágrimas quieren estar tranquilas en sus cauces ni en sus fuentes. Salen a derramar las heridas en un grito mortal. ¿Estamos siendo ya lo que el agua ahogó, lo que la sequía marchitó, lo que el viento se llevó?

 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, periodista y escritor – @alvarogonzalezu
 
 

Este invierno que nos inunda no solo vino a mezclar el agua con la tierra y con el viento. También vino a mezclar el agua y la tierra con la sangre y con los huesos como está ocurriendo en Dabeiba. Vino a mezclar dolores nuevos con dolores viejos, a fundir en uno solo el dolor de Colombia. ¿Somos un dolor?

Somos un país de tierra, de agua y de viento. Tierra, agua y viento que usualmente se mezclan en tragedias. Por eso también somos un país de tragedias. ¿Somos una tragedia?

Por entre las grietas de la tierra alta se cuela el agua para crear la fuerza que derrama las montañas sobre casas, niños, sembrados y animales. Por entre las nubes y con nubes llegan los vientos furiosos que arrasan vida. ¿Somos muerte?

Nos la pasamos limpiando escombros, recogiendo despojos, reconstruyendo ruinas, empujado lodo, achicando agua peregrina, buscando albergues, hurgando en la tierra para arrancarle la verdad, escudriñando pruebas, reparando corazones, secando lágrimas, remendando vidas, retejiendo familias.

No damos abasto.

Colchonetas, carpas, bidones de agua, alimentos no perecederos, pañales, mantas, ropa nueva, cuenta 123456789-1 del banco X porque los impuestos no alcanzan y no hay cama ni calma pa’ tanta gente.

Dormir vestidos y con los zapatos puestos.

La semana pasada conmemoramos 35 años de la segunda catástrofe natural más pavorosa de nuestra historia: La avalancha de Armero. (La primera catástrofe es continuada: La violencia con sus mil caras, que también se volvió natural en Colombia). Y a los dos días ocurre otra catástrofe pavorosa desparramada de frontera a frontera: Una avalancha de invierno infernal con huracán de categoría cinco incluido. ¿Somos un huracán fuera de categoría?

Providencia, San Andrés, Dabeiba, Chocó, Cartagena, la Guajira, Cúcuta, Urrao y decenas más… Islas, ciudades, pueblos, poblados, veredas, barrios, vías, caminos y puentes a lo largo, ancho, profundo y alto de este país de lugares desperdigados física y emocionalmente. Somos piezas sin armar de un rompecabezas de país sin cabeza de pies a cabeza. Piezas a la buena de Dios cada una. O del cacique político o del capo del corredor. Piezas que solo aparecen fugazmente cuando casi desaparecen ante el agua, el lodo, el fuego, el viento, las masacres o las batallas. O las elecciones.

En Colombia aprendemos geografía a golpe de tragedias.

Somos agua, somos tierra, somos viento, somos dolor, somos Colombia. Sí, la tragedia es parte de la humanidad, pero ¿cómo no derramar más llanto cuando se pueden evitar y, más llanto cuando las causamos nosotros mismos?
 
En Colombia solo tienes tres opciones: Ser damnificado o víctima de una u otra forma y de mayor o menor dolor; ser victimario de una u otra forma y causante de mayor o menor dolor; y ser indiferente, es decir, también victimario en una de sus formas: la más cobarde…

Y mientras tanto, llueve. Llueve en la mañana, al medio día y en la tarde. Llueve en la noche. Llueve, tic tac tic tac tic tac, reloj de agua marcas las horas. Llueve mientras escribo esta columna, también llovió esta mañana y sé que al amanecer seguirá lloviendo. Pero yo tengo un techo y un suelo, tengo suerte. Creo. Hasta ahora. Pero yo que tengo suerte no dejo de pensar en lo que significa la lluvia para tantos colombianos, en lo que empiezan a sentir cuando escuchan las primeras gotas sobre el tejado: El miedo, el tic tac de quizás la catástrofe que viene por el cauce o que rueda por la montaña. O que viene por el aire desde el horizonte cercano a las costas de África.

Quién creyera: Es la misma agua que nos da la vida, el agua que nos quita la sed, el agua que nos da un nombre sobre la pila. ¿Se venga?

Colombia en una sola lágrima. Lloró Dabeiba y San Andrés y Providencia. San Andrés es un huracán, Dabeiba un falso positivo y una avalancha, los indígenas una masacre y cientos de líderes son mártires.

No somos una nación, somos una lágrima, una sola y caudalosa lágrima; somos en cuanto somos tragedia. Dabeiba simboliza hoy todas las tragedias de Colombia mientras el huracán arrasó lo que no supimos defender ni integrar como nación. Ni la divina Providencia se salvó.

Agua y sangre y lágrimas. Ni el agua ni la sangre ni las lágrimas quieren estar tranquilas en sus cauces ni en sus fuentes. Salen a derramar las heridas en un grito mortal. ¿Estamos siendo ya lo que el agua ahogó, lo que la sequía marchitó, lo que el viento se llevó?

Si el lector llegó hasta acá quizás piense que este escrito fue demasiado duro. Pero no, lector. Es que Colombia es dura.

Colombiagua, Colombialma.

Edición 709 – Semana del 21 al 27 de noviembre de 2020
   
 
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